La central flotante de Karpowership, un antiguo buque carguero reconvertido en central térmica, navega ya hacia las costas de Gran Canaria para cubrir un déficit energético de 120 megavatios (MW), según datos de Red Eléctrica de 2021. El Gobierno regional presenta esta infraestructura como un “seguro técnico” contra apagones, pero la falta de transparencia en los detalles del contrato —sin fecha de llegada, coste ni duración definidos— abre interrogantes en un archipiélago que busca acelerar su descarbonización. Mientras la Consejería de Transición Ecológica, dirigida por Mariano Zapata (PP), guarda silencio, el historial de la empresa turca en otros países, con episodios de derrames y escándalos judiciales, siembra dudas sobre si esta solución es un parche o un lastre para el modelo energético canario.
El déficit que justifica la emergencia
La necesidad de esta infraestructura flotante no es fruto de la improvisación, sino de un desajuste estructural que arrastra el sistema eléctrico canario. Red Eléctrica identificó en 2021 un déficit de 120 MW en Gran Canaria, una cifra que pone en riesgo la estabilidad del suministro en una isla que depende casi exclusivamente de centrales térmicas convencionales. Para paliar esta carencia, el Ministerio para la Transición Ecológica ha presupuestado unos 150 millones de euros para la instalación de ocho centrales térmicas de los grupos Sampol y Disa en Fuerteventura, Gran Canaria y Tenerife. Sin embargo, estos proyectos, que deberían reforzar la red de forma permanente, avanzan con lentitud burocrática, lo que ha abierto la puerta a soluciones temporales como la de Karpowership.
El buque, con capacidad para generar 100 MW, cubriría la mayor parte del déficit identificado. Pero su carácter provisional —sin fecha de llegada, coste ni duración definidos— genera incertidumbre entre los inversores y profesionales del sector energético, que ven en esta falta de transparencia un síntoma de una planificación a corto plazo. Mientras tanto, el Archipiélago sigue quemando combustibles fósiles para cubrir su demanda, en un contexto donde las renovables apenas representan el 20% del mix eléctrico canario, muy lejos del objetivo del 45% fijado para 2030.
Karpowership: un historial de controversias
La empresa turca, que opera una flota de 45 buques en una veintena de países de cuatro continentes, no es una desconocida para los problemas ambientales y políticos. En Ghana, Sudán, Sierra Leona, Senegal, Cuba, Brasil, Indonesia y el Líbano, sus centrales flotantes han dejado un rastro de controversias ambientales, judiciales y políticas. Dos episodios destacan por su gravedad: el derrame ocurrido en República Dominicana y el fiasco de Sudáfrica.
En el primer caso, un vertido de combustible desde uno de sus buques generó una crisis ambiental en las costas dominicanas, con daños a la biodiversidad marina y protestas de comunidades locales. En Sudáfrica, el proyecto de Karpowership para suministrar energía a la red nacional se convirtió en un escándalo político tras acusaciones de corrupción y falta de transparencia en los contratos, lo que llevó a la suspensión del acuerdo y a una investigación parlamentaria. Estos antecedentes, documentados por medios internacionales y organizaciones ecologistas, contrastan con la narrativa de “solución segura” que el Gobierno canario ha transmitido.
El doctor David Ribó, experto en Ingeniería de la Energía, entiende la llegada del barco “por si acaso”, pero lamenta la ausencia de una hoja de ruta clara para abandonar los combustibles fósiles en el Archipiélago. Su declaración resume la paradoja: Canarias necesita un seguro contra apagones, pero corre el riesgo de perpetuar su dependencia del gasóleo y el fuelóleo si no se establecen plazos concretos para la transición.
El dilema del seguro energético
La metáfora del “seguro” es útil para entender la posición del Gobierno regional. Un seguro no resuelve un problema de fondo; solo mitiga sus consecuencias inmediatas. En este caso, el barco de Karpowership actuaría como un parche mientras las centrales de Sampol y Disa entran en funcionamiento. Pero el problema es que esos 150 millones de euros en infraestructuras fósiles, sumados al coste del buque flotante (aún no revelado), representan una inversión que podría haberse destinado a acelerar el despliegue de renovables y almacenamiento.
Canarias cuenta con un potencial eólico y solar excepcional, pero la tramitación de proyectos sigue siendo lenta y la falta de redes de transporte y almacenamiento limita su integración. Mientras tanto, la llegada de Karpowership, aunque justificada por la urgencia, envía una señal contradictoria a los inversores: por un lado, se promueve la descarbonización; por otro, se recurre a soluciones fósiles sin un calendario claro de salida. Para una audiencia de profesionales e inversores, esta ambigüedad es un factor de riesgo que puede frenar la financiación de proyectos renovables en el Archipiélago.
Transparencia y gobernanza: las asignaturas pendientes
La falta de datos concretos sobre el contrato con Karpowership es otro punto crítico. El Gobierno canario, a través de la Consejería de Transición Ecológica, no ha detallado el coste del alquiler del buque, la duración prevista de su estancia ni las condiciones ambientales exigidas. Esta opacidad contrasta con la transparencia que exige la Unión Europea para los fondos de recuperación, de los que Canarias es beneficiaria. Además, el hecho de que el barco sea un antiguo carguero reconvertido, sin especificaciones técnicas sobre sus sistemas de control de emisiones y vertidos, añade una capa de incertidumbre regulatoria.
En un contexto donde la reputación corporativa y la sostenibilidad son cada vez más valoradas por los inversores, la elección de un proveedor con un historial controvertido puede tener consecuencias a largo plazo. Empresas y fondos de inversión que operan en Canarias podrían ver con recelo una solución que, aunque temporal, vincula la imagen del Archipiélago a una compañía con múltiples frentes abiertos en otros países.
Un futuro que exige decisiones
El barco de Karpowership llegará a Gran Canaria en los próximos meses, pero su presencia no resolverá el problema estructural del sistema energético canario. Al contrario, lo enmascara. La verdadera pregunta no es si este buque evitará apagones en el corto plazo, sino si Canarias está dispuesta a convertir esta emergencia en una oportunidad para acelerar su transición energética. Los 150 millones de euros destinados a centrales térmicas convencionales, sumados al coste del alquiler del barco, podrían haberse invertido en baterías, interconexiones y plantas renovables que ofrecieran una solución permanente y limpia.
Para la audiencia de HERGERT SYNTHORA, el mensaje es claro: la seguridad energética no se construye con parches, sino con planificación estratégica. Canarias tiene los recursos naturales y el talento para liderar la transición en el Atlántico medio, pero necesita voluntad política y transparencia. El barco de Karpowership es, en el mejor de los casos, un recordatorio de que el tiempo corre. En el peor, un síntoma de que el Archipiélago sigue atrapado en un modelo del pasado, mientras el futuro navega hacia otros puertos.